Corazones Ardientes por Jesús

Hearts on Fire for Jesus

El fin de semana del 22 y 23 de mayo celebramos la gran fiesta de Pentecostés, cuando el Espíritu Santo descendió sobre los discípulos para llevar el fuego y encender la llama del compromiso de sus corazones hacia Jesús. El Espíritu Santo continúa encendiendo nuestros corazones para conocer a Jesús. Pero ¿nos damos cuenta? En este tiempo de continua incertidumbre ¿percibimos la efusión del Espíritu Santo en nuestras vidas? ¿Permitimos al Señor inspirarnos para arder por el deseo de una mayor intimidad? Los buenos corresponsables hacen esfuerzos para abrir su corazón al Espíritu Santo para que su vida de oración les acerque más a Cristo.

En los escritos místicos de Santa Teresa de Ávila, esta doctora de la Iglesia narra una hermosa historia que subraya su relación con Jesús. Teresa entablaba conversación con el Señor frecuentemente, y una noche, Teresa escuchó a Jesús preguntar su nombre, a lo cual ella respondió con su nombre religioso, diciendo: “yo soy Teresa de Jesús.” Teresa se sintió alentada a preguntar al Señor: “¿y quién eres tú?” a lo cual escuchó a Jesús responder: “yo soy Jesús de Teresa.”

¡Qué hermosa intimidad sentía Teresa con el Señor! Es a esta intimidad, a esta relación profundamente personal, que cada uno de nosotros es llamado. Se dice que San Francisco de Asís, cuyo nombre eligió nuestro actual Papa Francisco, oraba sencillamente preguntando repetidas veces al Señor, “¿quién eres Tú, y quién soy yo?” Fue a partir de la profundidad de las respuestas que recibió, y de las preguntas que continuaba haciendo, que Francisco obtuvo su fortaleza para renovar la iglesia de Cristo.

Ejercer una buena corresponsabilidad de nuestra vida de oración y vivir una vida llena de momentos contemplativos es el llamado dado a cada corresponsable Cristiano. San Ignacio de Loyola nos llamó a la “contemplación en acción,” esa combinación de oración en nuestra vida que inspira los actos piadosos que hacemos cada día, y la cual, en retorno, profundiza nuestro compromiso con la oración. Como corresponsables Cristianos, sabemos que nuestras buenas obras se vuelven huecas cuando son realizadas sin una relación con el Señor que nos inspira. De la misma manera, una vida de oración puede llegar a ser rutinaria y estéril si nosotros la dejamos atrás cuando nos sumergimos en nuestras rutinas diarias. Debemos estar comprometidos con un equilibrio entre las buenas obras que hacemos y la búsqueda de una relación más íntima con Cristo Jesús.

Que esta época de Pascua y la fiesta de Pentecostés enciendan nuestros corazones con el deseo de conocer aún mejor a Jesús y nos motiven a vivir nuestras vidas a su servicio.

Del Consejo Internacional de la Corresponsabilidad Católica