Nacido de Nuevo

DE NUESTRO PÁRROCO ASOCIADO

Varios Cristianos no Católicos se llaman a sí mismos “nacidos de nuevo”. Suele designar a alguien que ha vivido un momento de conversión especialmente intenso que le lleva a querer dedicar su vida a Dios. Entonces, ¿somos Católicos, también nacidos de nuevo?

El Bautismo del Senor
El Bautismo del Señor

Los sacramentos de iniciación: el bautismo, la confirmación y la eucaristía son los fundamentos de toda vida Cristiana. La palabra “bautismo” en su griego original significa “inmersión” y “baño”. La inmersión en agua es un signo de muerte y la emersión fuera del agua significa nueva vida. Bañarse en agua es también someterse a una limpieza. San Pablo resume esto cuando dice: “Fuimos, pues, con él sepultados por el bautismo en la muerte, a fin de que, al igual que Cristo fue resucitado de entre los muertos por medio de la gloria del Padre, así también nosotros vivamos una vida nueva” (Col 2, 12).

El origen y fundamento del bautismo Cristiano es Jesús. Antes de comenzar su ministerio público, Jesús se sometió al bautismo dado por Juan el Bautista. La inmersión de Jesús en el agua es una señal para todos los seres humanos de la necesidad de morir a sí mismos para hacer la voluntad de Dios. Jesús no necesitaba ser bautizado porque era totalmente fiel a la voluntad de su Padre y estaba libre de pecado. Sin embargo, quiso mostrar su solidaridad con los seres humanos para reconciliarlos con el Padre. Al ordenar a sus discípulos que bautizaran a todas las naciones, estableció los medios por los cuales la gente moriría al pecado y comenzaría a vivir una vida nueva con Dios.

Estos son los efectos de nuestro bautismo:

  • Nuestros pecados – originales y personales – son perdonados. Sin embargo, el efecto del pecado original llamado concupiscencia (inclinación al pecado) permanece. Es por eso que todavía necesitamos buscar la fuerza para resistirlos a través de la penitencia, la Eucaristía, oraciones y otras formas de profundizar nuestra relación con Dios.
  • Nos convertimos en hijos adoptivos de Dios, partícipes de la vida divina y templos del Espíritu Santo.
  • Somos incorporados a la Iglesia, miembros del Cuerpo de Cristo, participando del sacerdocio de Cristo y de su misión profética y real.
  • Estamos unidos a otros Cristianos, incluidos aquellos que aún no están en plena comunión con la Iglesia Católica.
  • Estamos sellados con la marca espiritual indeleble de nuestra pertenencia a Cristo. Ningún pecado puede borrar este sello.

Mientras que los Católicos nacemos de nuevo como hijos de Dios en el sacramento del bautismo, nuestro renacimiento ocurre en y a través de la gracia del sacramento. Nuestro renacimiento en el bautismo no es un evento único, sino un proceso de toda la vida a través del cual nos esforzamos continuamente por morir al pecado y resucitar a una vida nueva en Cristo, para “confesar delante de los hombres la fe que recibieron de Dios por medio de la Iglesia y de participar en la actividad apostólica y misionera del Pueblo de Dios” (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1270), para que el mundo entero pueda ser transformado con la luz y la fuerza del Evangelio.

Paz y bien, Padre Sam

Fr. Sam Nasada, OFM
Fr. Sam Nasada, OFM

Una Nota de Nuestro Párroco