Aunque solemos pensar que la felicidad pertenece a los ricos y a los que tienen éxito en la vida, las Bienaventuranzas declaran que son los pobres, los marginados y los oprimidos quienes merecen el Reino de los Cielos.
Busquen al Señor,
ustedes los humildes de la tierra,
los que cumplen los mandamientos de Dios.
Busquen la justicia, busquen la humildad.
Quizá puedan así quedar a cubierto
el día de la ira del Señor.
“Aquel día, dice el Señor,
yo dejaré en medio de ti, pueblo mío,
un puñado de gente pobre y humilde.
Este resto de Israel
confiará en el nombre del Señor.
No cometerá maldades ni dirá mentiras;
no se hallará en su boca una lengua embustera.
Permanecerán tranquilos
y descansarán sin que nadie los moleste”.















