Fiesta de la Sagrada Familia de Jesús, María y José

Esta fiesta tiene lugar el domingo inmediatamente posterior a la Navidad, dentro de la temporada navideña como corresponde para seguir llamando nuestra atención sobre la profunda realidad de Dios hecho hombre.

En esta fiesta, en particular, se nos recuerda la humanidad de Jesús como hijo de María y José. “El padre y la madre del niño estaban asombrados de lo que se decía de él”. Esto muestra que no tenían una visión retrospectiva; se consideraban a sí mismos en todos los sentidos como personas normales. Esta es su conexión con nosotros. Si se hubieran considerado especiales desde su nacimiento, estarían tan distantes de nosotros como una familia real. Pero los vemos siguiendo la costumbre ordinaria de presentar al niño en el templo, y su ofrenda es la ofrenda de los pobres. Es nuestra familia la que nos hace y nos mantiene humanos. Estamos relacionados a él antes de nacer; es nuestra ancla en la historia de la humanidad. Los expertos en las escrituras creen que los relatos de los evangelios (en Mateo y Lucas) de la infancia de Jesús no estaban en la forma original de los evangelios, sino que se agregaron en una etapa temprana porque eran necesarios para mantener la historia de Jesús anclada en esta vida. En los Estados Unidos tendemos a pensar en la familia como la ‘familia nuclear’: padre, madre e hijo. Luego proyectamos esto en la familia de Jesús. Pero una familia oriental y aún al sur de la frontera, incluso hasta el día de hoy, comprende un centenar de personas o más (así es como Jesús logró perderse en el Templo). En la primera lectura de hoy, Abram se quejó a Dios de no tener hijos. Entonces “Dios lo sacó afuera y le dijo: ‘Mira hacia el cielo y cuenta las estrellas, si puedes contarlas… Así serán tus descendientes’.” Nada acerca de un núcleo familiar. Jesús también era parte de una familia extensa. Pero esa familia física no era nada comparada con la familia espiritual de discípulos a través de las edades y en todo el mundo. Todos tenemos nuestra parte para ampliarlo. Cada vez que le damos la mano a un vecino o un extraño, estamos extendiendo esa gran familia. En retrospectiva legítima, podemos ver que la familia espiritual de Jesús continúa extendiéndose hasta que incluye al mundo entero. Que tengan un día bendecido de la Sagrada Familia.

Paz, Fr. Oscar